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  • Tindaya

    Vivo en el norte de Fuerteventura, aquí salgo a pedalear. Donde el desierto se llama malpaís y la gente anda siempre en cholas.

    Aquí los volcanes duermen su milenario sueño y maravillan la vista con sus formas y colores. Uno de ellos sale en todos los postales y atrae con su magnetismo nuestras miradas cada vez que lo tenemos a la vista. A su falda tiene un pueblo que lleva su nombre. Guarda misterios que nadie podrá descifrar jamás porque ya nadie habla el idioma de los antiguos Majos cuyos dioses han muerto hace siglos. Dioses que cobraban sus sacrificios en la misma montaña que es la única superviviente de aquellos tiempos para siempre perdidos y de los que tan poco sabemos.

    Se llama Tindaya y le quieren matar para vender piedra de obra y mucho humo.

    Eduardo Chillida, escultor vasco, escribió en 1996 lo siguiente: “Surgió la posibilidad de realizar la escultura en la montaña de Tindaya, en Fuerteventura, donde la utopía podía ser realidad. La escultura ayudaría a proteger la montaña sagrada, el gran espacio que se crearía dentro de la montaña, no sería visible desde fuera, pero los hombres que penetraran en su corazón verían la luz del Sol, de la Luna, dentro de una montaña volcada al mar, y al horizonte inalcanzable, necesario, inexistente…”

    La obra consiste en la habilitación de un cubo dentro de la montaña de 40 x 40 x 40 metros dotado de dos chimeneas que facilitarían la entrada de los rayos del sol y la visualización, desde el interior, de la luna y las estrellas. Al gran agujero se accedería a través de un túnel horizontal cuya longitud no está determinada en el proyecto. La realización de la utopía, como la llamó el propio artista, requiere la extracción de grandes cantidades de diferentes tipos de piedras, entre ellas la traquita, de un alto valor, usada principalmente en viviendas de lujo en canarias.

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    ¡41 millones de euros y ni una piedra se haya tocado! ¿41 millones de euros y nadie sabe donde están? Esta es exactamente la situación actual. Dinero gastado en estudios geológicos que nunca se hicieron, pago de los intereses al crédito concedido por el Banco Santander, indemnización a las empresas que debían desarrollar el proyecto y habían abonado avales millonarios.

    El día 11 de septiembre del 2013 el Tribunal Superior de Justicia de Canarias dictaminó que no se podrá seguir adelante con el proyecto hasta que la comunidad autónoma regule debidamente la protección de los grabados prehispánicos de la montaña y se establezcan las condiciones para su protección. El 21 de noviembre la Sala de lo civil de la misma instancia judicial rechazaba de manera irrevocable la demanda del Gobierno de Canarias con la que reclamaba 22,8 millones de euros a las empresas, que debían desarrollar el proyecto. La historia de siempre, políticos que piden préstamos y avales, prometen el cielo en la tierra, se reparten el dinero ajeno para echarle la culpa a cualquiera y siguen en sus puestos como si nada. Los mensajes lanzados después de conocerse sendas sentencias fueron claros. El gobierno de Canarias a través de su portavoz: “El gobierno mantiene su voluntad de continuar el proyecto de Eduardo Chillida en Tindaya.” Consejero de Cultura y Patrimonio de Fuerteventura: “Ni yo, ni nadie sabe cuando van a empezar las obras, pero existe la voluntad de que se haga.”

    Tindaya es un monumento en sí. Monumento a la belleza de nuestra isla y a sus orígenes. No necesita ayuda para ver el Sol y la Luna. Yo quiero seguir pedaleando a la sombra de un volcán.

    Lo perfecto no se puede perfeccionar.

     

    Jirko Valenta

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